lunes, 19 de septiembre de 2016

hace como 38 grados en Buenos Aires.
o más. porque ahí estas.
y ahí estoy yo:
esperando un subte que llega y no llega. con la compañia de un libro de Freire en la mano izquierda.
la voz de una propaganda política de una persona que todo lo pinta de amarillo. la tristeza de estar obligada a escucharlo.

la desaceleración del pensamiento cuando se piensa en si hay un fin último a toda esta locura.
percatarme de que tengo 19 años y hace 20 mínimo que sufro de ansiedad.
la ansiedad de las conjeturas a la velocidad de la luz. 
de la veracidad de esas conjeturas en mi super ego.
y que después de todo,
no me sirve para nada,
tenerlas. 
me quedan en el bolsillo dando vueltas.
en el cerebro aplastando la espontaneidad. 

la cabeza en la almohada dibujando los colores de ese ataque de mañanismos.
mañana, mañana.
canta el pájaro fisura y pum:
la maldita ciudad se despierta. 
todos te ven de nuevo.
el sol te pega en la cara.
algún chabón te piropea por la calle
algún bebé llora en el transporte público
alguna señora vomita un comentario gorila
y seguramente,
el conductor del bendito colectivo,
escupe alguna puteada hacía alguien o hacia él también.

y esas ganas de escurrir la ciudad.
de ver que cae por ahí.
de escurrirlos a todos y de escurrirte.
"relajá" te diría.
"relajemos" nos diría.

por eso salgo a caminar por la noche.
porque de una vez por todas,
finalmente,
puedo ver a mi manera,
las estrellas.
(y sin un porqué)

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