las pestañas se me llenan de grumos de la ansiedad.
detrás de ellas,
me espía una tormenta de un verano más que ordena mi tiempo.
entra un viento por la ventana,
esa que solo a veces dejo abierta,
y desordena y revuelve mis vestidos.
a la noche,
todos podrían no existir.
a la noche,
cuando estoy sola,
todo parece ser un eco,
y los olvidos parecen ser el desayuno.
jugo y, olvido.
tostadas, con olvido.
mañana me levanto y nada de todo lo que está así de bien, va a estarlo.
me da tanta fiaca que mañana esté todo mal.
y a la mañana me despierto,
y la luz amarilla que entra por un pedazo de ventana,
que me da en el ojo izquierdo,
se transforma en el noticiero de que está todo bien.
que uno tiene que hacer las cosas que hace todos los días,
no animarse a tanto,
y todo va a estar bien.
uno acumula las nostalgias, las tristezas,
osea un par de pavadas,
y la media-estabilidad funciona bien.
(y vos como andas?
Bien, todo bien. )
esas noches
son muy distintas a otras noches,
en las que caigo encerrada en un tumulto de otras mujeres que están adentro mío.
que no piden permiso,
que son tan rebeldes como amas de casa.
porque esas noches eso soy: un ramo de flores de distinto tipo.
que logran un perfume que no está bien.
un perfume heterogéneo que está muy bien.
una noche que no paso en mis paredes.
que leo un libro que se llama "Paco Urondo. Poesía completa",
un libro que no está en mi biblioteca.
siento la incomodidad de otros codos,
de otros hombros.
y traman mañanas con los ojos cerrados,
quizás con pesadillas.
quizás ni traman mañanas.
quizás solo traman permitirse equivocarse,
acomodar las ideas de los otros meses del año.
no son noches mediocres: son las verdaderas noches.
las otras solo roban un poco de oscuridad,
y las ajustan al tiempo de la ciudad.
noche y verano,
noches de verano,
siempre fueron mis favoritas.
porque nunca parece que van a volver.
y si,
lo hacen.
y a mi,
vuelven todas las edades.