siempre termino tragando que soy la del vestido rasgado
el delineador corrido,
el peinado despeinado.
siempre en el bosque me veo comiendo las hojas mojadas,
pataleando en el barro,
gritando en el silencio de una decadencia.
esa belleza siempre fue incomprendida,
desechada,
o por lo menos,
cargada del miedo de las rutinas.
esa belleza siempre fue la de las películas que pocos miran,
que a otros les aburren,
y que seguro que nadie quiere transitar.
y es en ese momento
(cuando las alas de un monstruo sincero y leal se despliegan en mis ojos)
que se van escuchando los ruidos de unos pasos para atrás.
y ya es tan burdo el exceso que no entro en los esquemas de una flor.
y así es como me tiro confiada,
capaz solo por la pura adrenalina que me genera...
caer.
capaz nunca me creí que estoy viva.
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