me agarraste sin saber ni un pedacito de una canción de amor.
ni un pedacito de una canción que hable de la magia enamorística.
me agarraste con la tristeza de que se nos cae a pedazos el país de los sueños,
el mapa de la convicción.
me agarraste en la desesperanza de la carcajada.
es que yo no esperaba que alguien me vuelva a hacer reír.
no esperaba saber que puedo dormir al lado tuyo,
que puedo roncar,
y dejar que me mires mientras yo no lo sé.
me acuesto al lado tuyo,
me tapo del frío con nuestra espontaneidad,
y me levanto con tus gatas encima,
y tu sonrisa del mate mañanero.
tus halagos no me aburren.
no me aburrís. aleluya.
(y eso que hasta de mi cara me aburrí)
porque en el fragor de la cursilería,
de los mandatos sobre el amor correcto,
hay ciertas llamas que se atreven a transformarnos.
a reencontrarnos.
a re-descrubrirnos.
hay ciertos hoteles a los que vamos a vacacionar.
hay ciertas chispas que compartidas no saben confundirse.
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